DÍA 4 — AYUNAR PARA INTERCEDER.

“Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra.” 2 Samuel 12:1
Después de reconocer su pecado, David no se quedó indiferente ante la situación que estaba viviendo. Se humilló delante de Dios y ayunó mientras clamaba por misericordia.
Este pasaje nos enseña que el ayuno también puede convertirse en una expresión profunda de intercesión. David estaba llevando delante de Dios una carga que no podía resolver con sus propias fuerzas. Su ayuno manifestaba cuánto necesitaba la intervención del Señor.
En este cuarto día de nuestro ayuno congregacional, podemos recordar que hay situaciones que no debemos enfrentar solamente con nuestros recursos humanos. Hay familias por las que necesitamos orar, personas que necesitan salvación, corazones que necesitan restauración, enfermos que necesitan fortaleza y vidas que necesitan volver a Dios.
Ayunar es decir: “Señor, esta carga es demasiado grande para mí, pero no es demasiado grande para ti.”
Sin embargo, también aprendemos de David que ayunar no significa exigirle a Dios un resultado determinado. Ayunamos para poner nuestra necesidad delante de Él y someternos a su voluntad.
Hoy levantemos nuestra voz en intercesión. Que nuestro ayuno no sea solamente abstinencia, sino clamor por aquellos que necesitan un encuentro con Dios.
Oración:
“Señor, hoy ponemos delante de ti las necesidades de nuestras familias, nuestra iglesia y las personas que aún no te conocen. Danos un corazón de intercesión y enséñanos a clamar con fe, pero también a descansar en tu voluntad. Amén.”




Comentarios