DÍA 9 — EL AYUNO QUE NOS LLEVA A OBEDECER LA PALABRA

«Mientras oraba Esdras y hacía confesión, llorando y postrándose delante de la casa de Dios, se juntó a él una muy grande multitud de Israel, hombres, mujeres y niños; y lloró el pueblo amargamente». Esdras 10:1
El día anterior vimos cómo el pueblo de Israel se reunió en ayuno para escuchar la Palabra de Dios. Pero escuchar a Dios nunca debe quedarse solamente en recibir una palabra; cuando Dios nos habla, espera de nosotros una respuesta.
Esdras había leído la Ley delante del pueblo, y aquella Palabra produjo convicción en sus corazones. El pueblo reconoció que se había apartado de los caminos de Dios y comenzó un proceso de arrepentimiento.
Aquí encontramos una verdad poderosa: el ayuno prepara nuestro corazón para que la Palabra no solamente llegue a nuestros oídos, sino que penetre hasta lo más profundo de nuestro corazón y produzca cambios en nuestra manera de vivir.
A veces ayunamos esperando que Dios cambie una circunstancia, abra una puerta o responda una petición. Pero durante el ayuno Dios también quiere mostrarnos qué debe cambiar dentro de nosotros.
Cuando la Palabra nos confronta, tenemos dos opciones: resistirla o obedecerla. El verdadero avivamiento comienza cuando una congregación escucha la voz de Dios y decide obedecerla.
Hoy, en este noveno día, pidamos al Señor que nos dé un corazón sensible. Que no solamente recibamos su Palabra, sino que tengamos disposición para ponerla por obra.
Oración:
Señor, gracias porque durante este ayuno nos estás enseñando a escuchar tu voz. Danos un corazón sensible y obediente. Que cada palabra que recibamos produzca arrepentimiento, transformación y frutos visibles en nuestra vida. Haz de nuestra congregación un pueblo que no solamente escucha tu Palabra, sino que la vive y la obedece. Amén.




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