DÍA 11— AYUNAR PARA INTERCEDER POR OTROS

“Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza.” Daniel 9:3
Daniel había entendido, por medio de las Escrituras, que había llegado el tiempo de buscar a Dios de una manera especial. Su respuesta no fue simplemente esperar; volvió su rostro hacia el Señor.
Daniel ayunó, oró y confesó los pecados de su pueblo. Algo sorprendente es que, aunque Daniel no estaba hablando solamente de sus propios errores, se identificó con su nación y comenzó a clamar: “Hemos pecado, hemos cometido iniquidad” Daniel 9:5.
En este día de nuestro ayuno congregacional, Dios nos recuerda el poder de una iglesia que no solamente ora por sí misma, sino que lleva delante de Dios a otros.
Hay personas que todavía no conocen a Cristo. Hay familias que necesitan restauración, matrimonios que necesitan reconciliación, jóvenes que necesitan dirección y vidas que necesitan volver al Señor.
Hoy podemos decir: “Señor, trae avivamiento a nuestro pueblo, comenzando por nosotros.”
Que nuestro ayuno nos dé un corazón sensible para interceder, no desde la crítica, sino desde el amor y la compasión.
Oración:
“Señor, hoy volvemos nuestro rostro hacia ti. Perdona nuestros pecados y ten misericordia de nuestras familias, nuestra ciudad y nuestra nación. Despierta hambre por tu presencia y levanta una iglesia que interceda por los que están lejos de ti. Amén.”




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