DEPENDENCIA: la vida conectada a Dios
- 2 jun
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Damos gracias a Dios por este tiempo, porque Dios está haciendo cosas hermosas. ¿Lo crees así? Dios está avivando su obra en medio de estos tiempos.
Ayer se celebró un gran evento de la Fundación Billy Graham, donde se reunieron alrededor de 12.000 personas. Estamos viendo cómo Dios está haciendo crecer poco a poco el nivel espiritual de Madrid. Creo que cada uno de nosotros forma parte de ese avivamiento que Dios quiere traer sobre Madrid, sobre España y sobre el mundo.
En esta oportunidad vamos a continuar con la serie que habíamos comenzado y que tuvimos que interrumpir debido a la celebración del Día de Pentecostés. En aquella ocasión predicamos sobre el Espíritu Santo, pero hoy retomamos la serie sobre el Padre Nuestro.
Ahora nos corresponde estudiar otra parte de esta oración:
“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Mateo 6:11).
He titulado este mensaje: “Dependencia: la vida conectada a Dios”.
Dios busca nuestra dependencia
Si observamos toda la oración del Padre Nuestro, veremos que Dios está buscando dependencia del ser humano hacia Él.
Lamentablemente vivimos en un mundo secularizado, donde el humanismo impera y constantemente somos bombardeados por la radio, la televisión y las redes sociales con el mensaje de que el hombre es el protagonista de la historia.
Quizá hayas escuchado a gurús o influencers decir: “Tú sí vales”, “Tú puedes”.
Aunque esas frases pueden fortalecer la autoestima, existe un peligro detrás de ellas: promover una vida independiente de Dios.
Muchas veces escuchamos mensajes como: “No necesitas a nadie para conseguir tus objetivos.” Pero debemos preguntarnos: ¿puede realmente el hombre alcanzar sus propósitos dejando a Dios a un lado?
La dependencia nos enseña que nuestra vida debe estar conectada a Dios. Dependencia significa estar sostenido por algo, estar unido a una fuente. Espiritualmente, nos recuerda que nuestra vida debe permanecer unida al Señor.
Imagina una lámpara de cristal colgada del techo. Puede ser hermosa, costosa y capaz de iluminar una habitación entera. Pero si alguien corta el cable que la sostiene, caerá al suelo, se romperá y no podrá cumplir el propósito para el cual fue creada. Aunque siga siendo una lámpara valiosa, ya no podrá dar luz.
Lo mismo ocurre con nosotros. Hemos sido creados para estar sostenidos por Dios. Hemos sido diseñados para vivir conectados a Él. Por eso debemos entender que la dependencia no es opcional; es una necesidad. Más aún, es una obligación espiritual depender completamente de nuestro Señor.
Dependencia diaria para tener vida espiritual
La primera enseñanza que encuentro en la frase “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” es que Dios quiere que dependamos de Él cada día para tener vida espiritual. La oración del Padre Nuestro nos muestra que la vida debe vivirse día a día. No podemos conformarnos con las bendiciones del pasado. Muchas veces encontramos personas que dicen: “Cuando estaba en mi iglesia servía en la alabanza.”“Cuando estaba en mi iglesia predicaba.”“Cuando estaba en mi iglesia dirigía grupos de vida.” Pero hoy están sentados sin hacer nada.
Dios no quiere eso para nosotros. Quiere que dependamos de Él diariamente para crecer espiritualmente hasta alcanzar la imagen de Cristo. No podemos vivir de las bendiciones de ayer, porque Dios tiene misericordias nuevas cada mañana. Hoy es un nuevo día y Dios tiene una nueva bendición para tu vida.
El pan representa sustento, provisión y fortaleza. Por eso el Señor nos enseña a acudir diariamente al Padre. Muchas veces queremos tener seguridad absoluta acerca del futuro.
Nos gustaría ver ya a nuestros hijos adultos, con una profesión, sirviendo al Señor y formando familias estables. Pero hoy debemos confiar en Dios y prepararlos día a día.
La dependencia diaria desarrolla nuestra fe.
Cuando atravesamos momentos difíciles solemos culpar a Dios por las situaciones negativas que vivimos. Sin embargo, Dios desea que aprendamos a confiar en Él en cada área de nuestra vida, incluso en lo económico. Dios no desea una relación ocasional.
Muchas personas vienen a la iglesia buscando una bendición momentánea. Reciben una palabra de Dios, pero al salir por la puerta la olvidan. Dios no es un Dios de domingos. Dios es un Dios de cada día. Esto me recuerda algo de mi infancia. En una tienda había un cartel que decía: “Hoy no fío, mañana sí.” Al día siguiente regresaba y seguía diciendo exactamente lo mismo. Entonces me preguntaba: “¿Cuándo va a fiar?”
Con Dios ocurre lo contrario:
Hoy confía y mañana también.
Dios quiere una relación constante, una dependencia diaria.
El milagro ocurre cada día. Muchas veces pensamos que los milagros siempre ocurrirán en el futuro. Oramos: “Señor, sáname.”“Señor, bendíceme económicamente.” Y esperamos que algo suceda más adelante.
Recuerdo las palabras del cantante guatemalteco Julio Melgar durante uno de sus últimos conciertos mientras luchaba contra el cáncer. Sentado, extremadamente debilitado, dijo algo que me marcó profundamente: “Pedimos un milagro sin darnos cuenta de que el milagro ocurre cada día.”
Aunque finalmente murió, comprendió que cada día vivido era un milagro.
Eso es algo que nosotros también debemos aprender. Cuando estamos conectados con Dios, el milagro ocurre cada día.
La dependencia desarrolla la fe. Cuando una persona pasa por una necesidad y Dios le provee, aprende a confiar más en Él. Cuando supera una enfermedad o una dificultad con la ayuda de Dios, la siguiente vez enfrentará la situación con una fe más sólida. La dependencia fortalece nuestra confianza en Dios.
La dependencia nos mantiene humildes. Vivimos en una cultura que promueve la autosuficiencia. Se nos dice: “Yo puedo.”“Yo soy capaz.”“Tengo la fuerza necesaria.”
Pero la dependencia nos enseña que no podemos solos.
Dios le dijo a Zorobabel: “No será con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu.” Zacarías 4:6 Es cierto que la Biblia dice: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Filipenses 4:13
Pero observa que la fuerza proviene de Cristo, no de nosotros mismos. La dependencia diaria nos mantiene humildes.
La dependencia nos libra de la ansiedad
Recuerdo los tres años que pasamos como misioneros en Ronda. En aquella época no sabía identificar la ansiedad, pero hoy entiendo que vivía constantemente con ella. Experimentaba preocupación continua, temor, opresión y ganas de llorar. Una de las principales causas era la falta de recursos económicos.
Éramos cinco personas: Tomás, nuestras tres hijas y yo. Había días en que ni siquiera tenía leche para las niñas. En Venezuela habíamos vivido con estabilidad económica. Teníamos trabajo, recursos y apoyo familiar. Pero en Ronda la situación era completamente distinta.
Recuerdo abrir la nevera y encontrar únicamente agua. Abrir los armarios y verlos vacíos.
Entonces sentí que el Señor me impulsaba a escribir una lista de lo que necesitábamos.
Tomé papel y lápiz y escribí: pollo, carne, pasta, leche, zumos Y muchas otras cosas más.
Cuando terminé, oré: “Señor, gracias porque sé que vas a proveer.”
Aunque debo reconocer que todavía me costaba creerlo plenamente. Apenas terminé de orar, sonó el timbre. Era la tesorera de la iglesia. Traía dos bolsas grandes de supermercado.
Me dijo: “Pastora, sentí del Señor traerle esto.” Dejó las bolsas y se marchó.
Cuando las abrí, comprobé que contenían exactamente los mismos productos que había escrito en la lista. Pollo, carne, pasta, leche. Todo estaba allí. Entonces comprendí algo: Dios quiere que dependamos de Él al cien por ciento.
El maná: una lección de dependencia. Dios también quiso enseñar al pueblo de Israel a depender de Él. En Éxodo 16:4 leemos: “He aquí yo os haré llover pan del cielo.”
El pueblo había salido de Egipto después de 430 años de esclavitud. Habían visto milagros extraordinarios, pero todavía pensaban como esclavos. Seguían creyendo que la provisión dependía de los egipcios. Por eso Dios les envió maná. El maná venía del cielo. El maná no podía sembrarse, fabricarse ni comprarse. Venía directamente de Dios.
Esto nos enseña que la verdadera fuente de provisión es Dios.
Si tienes un trabajo, recuerda:
Dios te dio las fuerzas.
Dios te dio la salud.
Dios te abrió las puertas.
Él es la fuente de todo.
El maná era diario. Debían recoger solamente la cantidad necesaria para cada día.
Si acumulaban más de la cuenta, se echaba a perder. Dios quería enseñarles que la dependencia es diaria. El pan de ayer no sostiene hoy. La oración de ayer no reemplaza la comunión de hoy.
Jesús dijo:
“No os afanéis por el día de mañana.” Mateo 6:34
Dios quiere darte provisión hoy. Mañana volverá a sostenerte. Hoy confía. Y mañana también. El maná aparecía temprano. Éxodo 16:21 dice que lo recogían cada mañana.
Nuestra conexión con Dios también debe comenzar cada mañana.
No salgas a trabajar, estudiar o enfrentar el día sin antes hablar con Dios. La intimidad con Él es lo que nos fortalece y nos sostiene. Si puedes hacer un devocional, hazlo. Y si no tienes tiempo, al menos ora. Comienza el día conectado con Dios.
Permanecer para dar fruto
Dios quiere que dependamos de Él cada día para permanecer y dar fruto.
Juan 15:5 dice:
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” Juan 15:5
Me sorprende ver cristianos que pasan años en la iglesia y continúan exactamente igual. No tienen nada nuevo que contar porque no permanecen unidos a la vid. Cuando una rama se separa del árbol, puede parecer viva durante algún tiempo, pero poco a poco comienza a secarse.
Lo mismo ocurre con nuestra vida espiritual. Si dejamos de congregarnos, dejamos de orar, dejamos de leer la Biblia y dejamos de buscar a Dios, nuestro espíritu comenzará a secarse lentamente.
Por eso necesitamos permanecer unidos a Cristo. ¿Cómo permanecemos conectados?
Primero, mediante la oración. Segundo, reconociendo nuestra necesidad de Dios. Debemos pedir perdón por la autosuficiencia, el orgullo y la independencia espiritual. Necesitamos volver a decir: “Señor, te necesito.”
Como dijo el salmista:
“¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.” Salmo 121:1-2
Nuestra ayuda viene de lo alto. Jesús es el Pan de Vida. Jesús no solo dijo: “Yo soy la vid.”
También afirmó: “Yo soy el pan de vida.”
Juan 6:35 declara:
“El que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Juan 6:35
Cuando dependemos de Dios, nuestra alma encuentra estabilidad. Cuando dependemos de Dios, nuestro espíritu crece. Cuando dependemos de Dios, comenzamos a experimentar victoria. Muchos creyentes viven derrotados porque se han separado de la vid y han dejado de alimentarse del Pan de Vida.
Hoy es una buena oportunidad para decir: “Señor, reconozco que te necesito. No puedo hacer nada sin tu ayuda.”
Tal vez te sientes vacío. Tal vez sientes que no has alcanzado tus objetivos. Tal vez existe un vacío en tu corazón. Agustín de Hipona dijo: “Nos hiciste para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti.”
Cuando volvemos al Señor, comenzamos no solo a permanecer, sino también a dar fruto.
Y dar fruto significa avanzar en todas las áreas de nuestra vida: espiritualmente, intelectualmente, familiarmente y también económicamente. Dios es fiel.
La Escritura dice:
“No he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan.” Salmo 37:25
Yo puedo afirmarlo porque lo he vivido. Viví tiempos de escasez, pero en medio de ellos Dios me enseñó que Él es mi proveedor. Y también es tu proveedor.
Oración final
Señor Jesús:
En esta mañana te pido perdón por las veces que he intentado vivir en mis propias fuerzas.
Hoy te entrego mis cargas, mis preocupaciones y mis necesidades. Las pongo delante de ti porque ya no puedo llevarlas solo. Tú has prometido cargar con ellas y hacer ligero mi yugo.
Hoy te entrego mi corazón y mi vida para que tomes el control. Quiero depender completamente de ti. En el nombre de Jesús.
Amén.




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