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DÍA 12 — EL AYUNO QUE NOS LLEVA A BUSCAR A DIOS DE TODO CORAZÓN

12 oct
1 min de lectura
«Y volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza». Daniel 9:3

Daniel estaba estudiando las Escrituras cuando comprendió, a través de la profecía de Jeremías, que se acercaba el tiempo señalado para la restauración de Jerusalén. Su reacción no fue simplemente esperar que ocurriera lo anunciado. Se volvió a Dios en oración, ruego y ayuno. Daniel entendió que conocer la promesa debía llevarlo a buscar al Dios de la promesa.


Su oración estuvo acompañada de humildad y confesión. Daniel reconoció los pecados del pueblo y clamó por misericordia:

«Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente» (Daniel 9:5).

No oró desde una posición de autosuficiencia, sino desde la dependencia absoluta de Dios. El resultado fue que Dios respondió enviando al ángel Gabriel para darle entendimiento y confirmarle que su oración había sido escuchada (Daniel 9:20-23).


Este día nos recuerda que el ayuno nos ayuda a alinear nuestro corazón con los propósitos de Dios. No ayunamos para obligar a Dios a hacer nuestra voluntad; ayunamos para acercarnos a Él, escuchar su voz y participar conscientemente de aquello que Él quiere hacer.


Oración:

Señor, volvemos nuestro rostro hacia ti. Danos entendimiento para discernir tus tiempos y sensibilidad para reconocer tus propósitos. Perdona nuestras faltas, renueva nuestro corazón y enséñanos a orar conforme a tu voluntad. Amén.

 
 
 

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