CUANDO JESÚS CAMINA CONTIGO Y NO LO SABES
- 13 abr
- 4 Min. de lectura
Vamos a avanzar en la serie Cristo resucitado.
El domingo pasado tuvimos la oportunidad de profundizar en la revelación de Cristo resucitado, y hoy continuamos explorando estos eventos que, desde la resurrección, nos traen sabiduría, restauración y enseñanza sobre el Cristo vivo que conocemos y predicamos.
Introducción
El tema de hoy es:“Cuando Jesús camina contigo y no lo sabes.”
Vamos a leer en Lucas 24:13 - 35
“Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén; e iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Mientras hablaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos, pero sus ojos estaban velados para que no le reconocieran...”
El contexto: caminar sin reconocer a Jesús
Dos discípulos caminan hacia Emaús, alejándose de Jerusalén, símbolo de propósito y de la experiencia vivida con Cristo. Van conversando, pero con tristeza, confusión y decepción.
Hablan de Jesús en pasado:
“Esperábamos que él fuera…”
“Él era…”
Sin darse cuenta, Jesús estaba presente, vivo, caminando con ellos. Habían visto milagros, habían convivido con él, creían en él… pero la decepción nubló su visión.
El problema principal era una ceguera que les impedía reconocer al Cristo resucitado.
Esto también puede ocurrirnos cuando:
Caminamos en procesos difíciles
Surgen dudas y tristeza
Pensamos que Dios no está
Dejamos de percibir su presencia
Y comenzamos a hablar de un Cristo del pasado, en lugar de vivir con un Cristo presente.
Cómo trata Jesús la ceguera
Jesús responde con una profunda delicadeza.
1. A través de la Palabra
Lucas 24:25-27:
“¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y entrara en su gloria?”
Jesús no se revela de inmediato. Primero abre las Escrituras y les explica.
¿Por qué?
Para corregir sus pensamientos
Para traer revelación al corazón
Para alinear su perspectiva con la verdad
La Palabra despierta el corazón. No es solo leer, es recibir revelación viva. Cuando eso ocurre, el corazón arde.
¿Cuál es nuestra fuente de sabiduría? Hoy es fácil acudir a respuestas rápidas, pero el riesgo es dejar de consultar a Dios.Cuando la Palabra no es nuestra guía, perdemos la capacidad de ver a Jesús en el camino. La revelación de la Palabra:
Enciende el corazón
Da dirección
Trae entendimiento
Afirma las promesas
En un momento difícil durante mi embarazo, recibí un diagnóstico complicado. La situación generó temor e incertidumbre. En medio de esa confusión, Dios me habló a través de Lucas 22: 32 “Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte…”
Esa palabra se hizo viva. La declaraba constantemente, y mi corazón entendió que Dios estaba en control. La Palabra tiene el poder de: Penetrar el corazón, dar claridad, sostenernos en medio de la prueba. Aunque no podamos ver, podemos confiar en que Él está obrando.
2. A través de la hospitalidad
Lucas 24:28-29:
“Quédate con nosotros…”
Jesús no se impone. Espera ser invitado. Los discípulos, aunque no lo reconocen, sienten que lo necesitan y le invitan a quedarse.
La hospitalidad representa:
Abrir el corazón
Dar espacio a Jesús
Desear su presencia
Jesús anhela habitar en nuestra vida, pero espera nuestra invitación.
3. En la intimidad
Lucas 24:30-31
“Tomó el pan, lo bendijo, lo partió y les dio; entonces les fueron abiertos los ojos…”
En la intimidad de la mesa, lo reconocen. ¿Por qué? Porque reconocen su esencia: su forma de amar, su manera de servir, su entrega. La revelación ocurre en lo íntimo.
Necesitamos crear espacios donde Jesús sea invitado:
En nuestro hogar
En nuestra vida diaria
En comunidad
La iglesia primitiva crecía en estos espacios de comunión, donde compartían, servían y reflejaban a Cristo.
4. La activación
Lucas 24:33
“Levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén…”
Después de reconocer a Jesús: regresan inmediatamente, no importa la distancia ni el cansancio, comparten lo que han vivido. Un encuentro real con Cristo produce acción.
Cuando experimentas a Cristo: no hay excusas, no hay distancia, no hay indiferencia, deseas compartirlo.
Cristo histórico vs. Cristo vivo. Existe una gran diferencia:
Cristo histórico: información, pasado, conocimiento
Cristo vivo: relación, presente, experiencia diaria
Cuando se pierde la conexión:
La fe se enfría
La revelación desaparece
La vida espiritual se vuelve distante
Conclusión
Cristo se hace real cuando:
Abrimos las Escrituras
Le invitamos a nuestro corazón
Creamos espacios de intimidad
Vivimos una relación auténtica con Él
Entonces la fe se fortalece, la esperanza se renueva, la visión se restaura.
Hoy es momento de detenernos y preguntarnos:
¿Qué camino estoy recorriendo?
¿Estoy viendo a Jesús en mi vida?
Es momento de decir:
“Señor, te invito a mi corazón. Abre mis ojos. Quiero vivir contigo.”
Te invito a orar con nosotros: Señor Jesús, hoy te invito a mi corazón. Te acepto como mi Señor y Salvador. Ven a mi vida, a mi casa y a mi familia. Quiero vivir contigo cada día.
En el nombre de Jesús, amén.




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