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DÍA 8— EL AYUNO, QUE NOS PREPARA PARA RECIBIR LA PALABRA

hace 4 días
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«El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí. Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres». Nehemías 9:1-2

Después de reconstruir los muros de Jerusalén, el pueblo comprendió que necesitaba algo más que restaurar una ciudad: necesitaba restaurar su relación con Dios. Por eso se reunieron en ayuno, se humillaron, confesaron sus pecados y escucharon la Palabra.


Nehemías 9:3 dice que estuvieron «la cuarta parte del día» leyendo el libro de la Ley y otra cuarta parte confesando sus pecados y adorando a Jehová. El ayuno los llevó a detenerse delante de Dios para escuchar, reconocer, arrepentirse y adorar.


Este ayuno nos enseña que la verdadera renovación espiritual comienza cuando permitimos que la Palabra de Dios examine nuestro corazón. No se trata solamente de pedir que Dios cambie nuestras circunstancias; se trata también de permitir que Él nos cambie a nosotros.


Como congregación, este día podemos pedir: «Señor, háblanos por tu Palabra. Muéstranos qué debemos corregir, qué debemos recuperar y qué debemos volver a hacer con un corazón renovado».



Oración

Señor, en este día octavo queremos escuchar tu voz. Examina nuestro corazón por medio de tu Palabra, trae arrepentimiento donde sea necesario y despierta nuevamente en nosotros hambre de ti. Que este ayuno produzca una verdadera renovación espiritual en nuestra congregación. Amén.

 
 
 

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